PEREYRA, Pablo

  pereyra1Que sepamos don Pablo Pereyra no dibujó historietas, no obstante lo cual acredita pergaminos suficientes para figurar dentro de MIL PLUMINES. En primer lugar fue maestro de numerosos dibujantes que se inclinaron por esa especialidad, fue además el Director de Arte en la primera y más brillante época de Editorial Frontera y en tercer lugar fue casi el protagonista de una historieta. Hablamos de “Pedro Pereyra, taxista”, que se publicó en 1960 en Hora Cero Extra, serie con guión de Jorge Mora y dibujos de Durañona en la cual aparecían ciertas anécdotas de su vida. 

   “El Indio” Pereyra como lo conocían sus colegas y sus múltiples alumnos había nacido en Cañada de Gómez, Santa Fé, en 1911 y desde temprana edad tuvo dos pasiones: el dibujo y el deporte.   Luego de trabajar de peón, carpintero y pintor de paredes ingresó a los 17 años en Publicidad Aymará como ayudante de Montero Lacasa, un dibujante e ilustrador especialista en temas gauchescos. Paralelamente a esa actividad completó los estudios formales egresando en 1932 de la Academia Nacional Bellas Artes.

   En 1940 fundó la agencia de publicidad Naype (Naya y Pereyra) y durante 16 años dedicado a la propaganda llegó a ejercer todas las especialidades dentro de esa actividad. Durante esta etapa de su carrera realizó trabajos junto a Joaquín Albistur, dibujos que firmaban con el seudónimo “Alper”.

    En 1939 a instancias del editor Amadeo Bois, comienza a trabajar como ilustrador de libros, siendo recordado por las centenares de tapas que realizó para dos de las colecciones de Acme Agency: Rastros y especialmente Robin Hood, aquella de tapas amarillas que durante décadas fueron infaltables en la biblioteca de todo joven.

   Como docente cabe mencionar su larga actuación en la cátedra de dibujo publicitario de las Escuelas Municipales Raggio, en la Escuela Panamericana de Arte -de la cual llegó a ser vice-Director- y posteriormente en el Instituto de Directores de Arte (IDA). No estarían completos estos breves datos si no agregáramos su gran pasión por el rugby y su incansable trabajo en favor de la Asociación de Dibujantes de la Argentina, cuya sede coincidió en una época con el lugar donde él daba clases, en la calle Florida.

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